Combinando el pacharán: PATONIC

Llevamos un tiempo en el que el gintonic es el rey de los combinados: se toma en el  aperitivo, en la sobremesa, en la terraza de verano, en el pub por la noche… Hasta nos ofrecen en restaurantes, bares y cafeterías una carta con gran variedad de marcas de ginebras y tónicas, cada una buscando lo que llaman el “perfect serve” y que viene a ser la forma ideal de combinar los aromas de los dos ingredientes… Claro que después puede arruinarse cualquier aroma con el añadido de especias, frutas y demás ingredientes que comienzan a ser habituales para desesperación del “maestro destilador” que definió la combinación exacta de los “botánicos” de la ginebra.
El caso es que a rebufo de la moda los gintonic han comenzado a aparecer otras ofertas con el sufijo tonic: vodkatonic, limoncello tonic...
Y claro, ¿por qué no seguir la corriente con un pacharantonic? Respuesta: no,  con el pacharán no hace falta que nos apuntemos a esta moda. La explicación nos la sirve en bandeja nuestro amigo Iñaki desde Vitoria: qué moda ni qué leches, si él lleva más de 20 años consumiendo su combinado de pacharán con tónica, mucho antes de la moda esta de los gintonic. 20 años lleva sorprendiendo con su combinado en cuantos bares y restaurantes ha visitado, siguiendo su pasión por la bicicleta.
Llamaremos al combinado con el nombre que le puso: patonic.  Y, para estar seguros de que preparamos el patonic en su “perfect serve”, seguiremos al pie de la letra la receta de Iñaki:

El aroma del pacharán


El sentido del olfato es, junto a la vista, el más desarrollado: con estos dos sentidos podemos diferenciar tal cantidad de matices que dejan muy pobre al tercer sentido implicado en la cata, el gusto. Y es que frente a los sólo cinco sabores que podemos apreciar (ácido, salado, ácido, amargo y umami) son millones los diferentes aromas que podemos encontrar… aunque claro, una cosa es que esos aromas estén y otra que seamos capaces de diferenciarlos si no tenemos un buen olfato.
¿Qué podemos hacer para mejorar este sentido? Simplemente usarlo, ponerlo en funcionamiento: entrenarlo. ¿Cómo? Oliendo diferentes aromas para que nuestro cerebro sea capaz de reconocerlos cuando nuestro olfato vuelva a encontrarlos. Para ello podemos encontrar un estupendo campo de entrenamiento en un mercado bien abastecido: en él podemos oler muchas especias si hay un puesto dedicado a su venta, muchos aromas frutales y vegetales en la frutería, y recorriendo el mercado nos encontraremos con diferentes aromas de pan y pastelería, salazones, tierra y humedad en el puesto de plantas…
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